Inmigración. Más allá de las tiendas de textiles y calzado barato al gusto occidental, existen negocios regentados por chinos que exportan, orgullosos, lo mejor de su tierra. Madrid ya tiene un China Town opulento. Un bulevar en auge junto a la Castellana que responde a la demanda del nuevo chic oriental
General Margallo, el nuevo lujo asiático
RAQUEL G PAJIN
Imaginen un zoco rebosante de teteras de hierro fundido, lámparas de papel de arroz, vajillas tipo zen, cuencos para beber sake, juegos de bambú para calentar al vapor Dim Sum, cuernos de marfil tailandeses, biombos lacados, jarrones de la dinastía Ming...y a buen precio. No, no es la semana oriental de El Corte Inglés, aunque estos grandes almacenes se abastecen en él.
Sigan fantaseando. Cierren los ojos y vislumbren un bazar de artículos chinos de alta calidad en alguna zona noble de Madrid.¿Cerca de la Castellana? No van desencaminados. Es un bulevar contiguo a los rascacielos de Orense. Un pasaje con cinco tiendas consecutivas regentadas por chinos con muy buen gusto. Es el callejón de General Margallo.
Desde el año 82, este pasadizo no se corresponde con la estampa de la típica tienda de todo a cien a la vuelta de la esquina, o con aquella de venta al por mayor donde se amontonan pilas de ropa y zapatos de ocasión, que asociamos automáticamente a nuestros vecinos de ojos rasgados. Así como algunos guiris esperan a que saquemos las castañuelas, otros no conciben una imagen distinta al tópico de rostros uniformes o vidas anodinas consagradas al trabajo monocorde cuando piensan, a voz de pronto, en los chinos. Su cultura milenaria, su gastronomía imperial, pasa desapercibida ante su necia mirada.
Quienes descubren General Margallo se apartan enseguida de esa facilona ignorancia colectiva de clichés manoseados. Al echar un vistazo por las estanterías se dan cuenta de que la salsa agridulce y el arroz tres delicias no existen. Son inventos creados para el paladar occidental, desacostumbrado a las especias. Representan tanto a la comida china como los nachos con guacamole las tapas españolas en el extranjero.
Furor amarillo
«Solo ofrecemos calidad superior. Los precios son competitivos porque importamos a gran escala y vendemos directamente, sin intermediarios» explica el Señor Lee.
Hace 30 años cruzó en varias escalas los 11.800 kilómetros que separan Taipei de Madrid. Más tarde, cuando Naranjito ejercía de anfitrión en el Mundial de fútbol, el Señor Lee metió un gol: la apertura de la primera tienda de Ibero-China en el número 4 de General Margallo. Le fue tan bien en los años posteriores -al igual que a España contra Malta en la clasificacion de la Eurocopa- que en poco tiempo se permitió el lujo de inaugurar en la misma acera otras dos sucursales, una de decoración en el número 12 y otra consagrada a la auténtica gastronomía de su añorada patria en el número 23.
Convertido en el escaparate asiático de referencia de la capital del que se nutren los mejores restaurantes y centros comerciales, General Margallo empezó a convertirse en una suntuosa China Town madrileña opuesta a las bicocas de Lavapies. En el 98 se incorporaron Wen-Zou y Aitor Importación, en el 99 la agencia de viajes Eurospan Travel.
Pero el furor amarillo donde roza la singularidad es en su número 20, donde se situa la peluquería Hua Li, única especializada en clientes chinos, si no tenemos en cuenta las colindantes a Plaza de España: en la calle Leganitos las peluquerías asiáticas son más bien centros de belleza integrales, en los que aparte de un buen corte de pelo, dan masajes y asesoran a las futuras novias chinas residentes en Madrid.
Otra de las diferencias entre Ibero-China y los chinos de textiles a saldo es su horario. A medio día cierran, los domingos por la tarde también. No es un negocio familiar en el que se atienda las 24 horas a destajo.
El señor Lee tiene 60 empleados repartidos en las tiendas del distrito de Tetuán y su almacén de Alcobendas. Manifiesta con humildad ser el único importador de productos asiáticos con una flota propia de 15 camiones. Esto le permite atender pedidos en toda España, Francia y Portugal. Incluso llega a Baleares.«Desde la delegación de Barcelona distribuimos a Mallorca y la Riviera francesa». Un emporio de alto rendimiento, pero a Lee Yao Hsiung no le gusta presumir, se sonroja cuando alguien halaga su empresa. En cambio Ya Ping -una de sus asalariadas- muestra orgullosa los productos estrella y manifiesta a las claras su satisfacción de trabajar en una 'gran compañía'.«Aquí todos los licores vienen precintados, en otros sitios no pagan los impuestos y los clientes se arriesgan a adquirir bebida adulterada. Además etiquetamos todos los productos con su correspondiente traducción al castellano». Otra confesión: «Aquí compran muchos famosos...».
La taiwanesa Ya Ping -cuyo nombre significa formal, educada y distinguida- se desenvuelve con frescura en nuestro idioma. Su leve arrastre líquido de las erres es apenas perceptible. Es servicial y al mismo tiempo extrovertida. En ella confluyen oriente y occidente. Podría ser protagonista de una novela de Amy Tan.Según Ya Ping, «Los clientes españoles nos preguntan por recetas.Ahora que están de moda los panasiáticos, descubren que no todo es rollitos de primavera y Chop-Suey». «Vienen con su ejemplar de gastronomía bajo el brazo y se alegran de encontrar aquí todos esos ingredientes exóticos». Entre los productos favoritos de los neófitos españoles están el tofu frito o en bloque, las algas nori para el Sushi, el Wan Tang (raviolis chinos), las bolsas de 25 kilos de arroz largo perfumado y el té rojo Pu-ehr «Es bueno para eliminar grasas». «Los latinos vienen a por hojas de banana, crema de cacahuete o chips de banana y tapioca».
Esto no es más que la punta del iceberg. El grueso de su clientela lo componen 360 restaurantes en Madrid. Son entre otros el exquisito Thai Garden's en la calle Jorge Juan, el delicioso China Crown en Sor Angela de la Cruz y el refinado Tse- Yang ubicado en el hotel Villa Magna. Cadenas como el citado Corte Inglés y el Vip's se surten también en sus almacenes.
«Está cambiando la mentalidad. Cada vez más españoles se interesan en conocer Asia, no sólo por placer sino por negocios. Las grandes compañías ya se instalaron hace años allí, ahora les toca a las medianas. Desde 2004 hemos notado un auge importante. En el 2020 China será el país emisor número uno en turismo». Gema, una jovencísima diplomada en Turismo, empleada en Eurospan Travel, define con estas pinceladas por dónde irán los tiros en el futuro. Ella, por si acaso, lleva un año aprendiendo chino con un profesor individual.
La próxima vez que compre en un hipermercado un producto genuino del Lejano Oriente fíjese en la etiqueta. Hay un alto porcentaje de que lea: importado por Ibero-China
Detalle del original en chino del poema de Li Bai
martes, 11 de diciembre de 2007
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